El Monasterio de San Agustín, en la ciudad de Burgos, se convirtió durantedos días en un improvisado mercado para la venta de los productos decalidad más emblemáticos de la provincia. Una veintena de productoresacudió a las instalaciones de la mano de la iniciativa Burgos Alimenta, con una variada representación del sector agroalimentario, desde el queso  de Sotillo y la Morcilla de Burgos hasta el vino de la DO Arlanza o la bollería artesana.

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